Después de capear a jefecillos y gente con ínfulas en un mundo de apariencias, me dirijo a la panadería a recompensarme com una madalena.
En la cola endemoniada, encuentro una invasión semejante a una nube de humo verde (símil gratuito, pero visualmente efctivo) de adolescentes.
Me entra un escalofrío por todas las zonas sensitivas imaginables y estoy a punto de renunciar a mi objetivo.
Pero mi deseo de glucosa es mayor: aguanto la cola.
Gallinero general, griterío, maquillajes imposibles a las 11 de la mañana, botitas de cowboy, déjame 5 céntimos, como te cojas un croissant de chocolate te mato (?), etc.
¿Yo también fui así? Seguramente. Y ahora, desde mi claro de bosque con canas pienso: vergüenza ajena.
Pero es lógico y previsible, el gusano antes de pasar a ser mariposa pasa por una fase de retorcimiento físico y espiritual, de cambios, de dudas que llevan a claroscuros, de órganos que se reorganizan torpemente para dar lugar a personas. Que luego ya entran en otra liga aparentemente superior. La de los que hacen la declaración de la renta.
Hace sol, es otoño, y estamos a pocas horas de la libertad condicional.
Celebrémoslo.
viernes 6 de noviembre de 2009
jueves 5 de noviembre de 2009
Razones para usar una cerbatana envanenada
Ir a una casa, pedir a un vecino que te abra la portería y con la excusa de que en esa finca se han cometido muchos robos (mi look de ladrona es total, y eso que ayer no llevaba la malla puesta en la cara), me cierra la puerta en las narices.
Pausas publicitarias de 23 minutos. Una serie (vale, un subproducto, pero como que todos se acuestan con todos, como que pasamos la noche con regocijo visual) que acababa a las 12.00 ahora acaba a las 12.40. Cuando suena el despertador me acuerdo de los señores programadores y todos los patrocinadores uno a uno.
Tragarme un nuevo formato de publirreportaje que se llama Crono, que pretende aleccionarte sobre cómo has de vivir tu vida: dejar de fumar e hincharte a yogures de la marca que patrocina el espacio, hacer gimnasia artística (idealmente un curso en dvds de fácl almacenamiento) para prevenir el reuma, etc...
Ya está. Rabia expulsada. Una retención de líquidos menos, y una queja abierta. POr cierto, que alguien diga algo porque me voy a dormir encima del teclado y en vez de champán va a haber Tranquimazines rosas y peligrosos.
Pausas publicitarias de 23 minutos. Una serie (vale, un subproducto, pero como que todos se acuestan con todos, como que pasamos la noche con regocijo visual) que acababa a las 12.00 ahora acaba a las 12.40. Cuando suena el despertador me acuerdo de los señores programadores y todos los patrocinadores uno a uno.
Tragarme un nuevo formato de publirreportaje que se llama Crono, que pretende aleccionarte sobre cómo has de vivir tu vida: dejar de fumar e hincharte a yogures de la marca que patrocina el espacio, hacer gimnasia artística (idealmente un curso en dvds de fácl almacenamiento) para prevenir el reuma, etc...
Ya está. Rabia expulsada. Una retención de líquidos menos, y una queja abierta. POr cierto, que alguien diga algo porque me voy a dormir encima del teclado y en vez de champán va a haber Tranquimazines rosas y peligrosos.
miércoles 4 de noviembre de 2009
Pequeños diamantes de ciudad
Volviendo a casa como siempre, parándome en semáforos conocidos y observando viandantes por conocer, me uní a la fila de hormigas postmodernas que regresaban a sus nidos más o menos confortables.
Fue en la Travessera de Gràcia donde empecé a escuchar el canturreo. Enfoqué, y delante de mi encontré a una estranjera subida en su bici, cantando ópera a capela (sin Ipod, eh, que me fijé). Interpreté aquel encuentro como una revisión muy 2009 del Flautista de Hamelín, y perseguí a la ciclista hasta que un enorme camión de mudanzas separó nuestros destinos.
Ella, hacia la acera, y yo a castigarme el cutis detrás del tubo de escape del camión.
La gente estaba tan inmersa en sus rutinas que casi nadie percibió a esta discípula de la Callas sobre ruedas.
Un chico encajaba su raqueta de squash en su mochila, una señora consultaba curvas de crecimiento de la próxima pandemia mundial en una apretujada libreta y la Callas hacía su alegato contra el tráfico y la fealdad urbana enlazando dos, res y mis.
Y yo encantada. El momento quedó registrado como la petite bijou du jour.
Fue en la Travessera de Gràcia donde empecé a escuchar el canturreo. Enfoqué, y delante de mi encontré a una estranjera subida en su bici, cantando ópera a capela (sin Ipod, eh, que me fijé). Interpreté aquel encuentro como una revisión muy 2009 del Flautista de Hamelín, y perseguí a la ciclista hasta que un enorme camión de mudanzas separó nuestros destinos.
Ella, hacia la acera, y yo a castigarme el cutis detrás del tubo de escape del camión.
La gente estaba tan inmersa en sus rutinas que casi nadie percibió a esta discípula de la Callas sobre ruedas.
Un chico encajaba su raqueta de squash en su mochila, una señora consultaba curvas de crecimiento de la próxima pandemia mundial en una apretujada libreta y la Callas hacía su alegato contra el tráfico y la fealdad urbana enlazando dos, res y mis.
Y yo encantada. El momento quedó registrado como la petite bijou du jour.
martes 3 de noviembre de 2009
La suicida que llevo dentro
Quizás llevaba demasiado tiempo entretenida con libros y diferentes productos de limpieza difíciles de catalogar. En este tipo de situaciones, el espíritu suicida que cada individuo lleva dentro, entra en periodo de hibernación y tomas la apariencia de un ciudadano común, más o menos equilibrado y capaz de comprar una barra de pan y regresar silbando a casa tan ancho.
Pero ayer, no sé si porque era lunes o porque ya no tenía el kh7 a mano, se decidió a salir. Cruzando una calle, apareció un camión de estos recogetodo tipo de cacharros conducidos por gitanos ebrios de aventuras y chatarra y casi me arrolla. Cuando estaba en fase de recuperarme, apareció otro a ver si remataba la faena.
Devolviendo una película al videoclub vi cómo llegaban dos camiones de bomberos y aparcaban apresuradamente debajo de un balcón de una abuelita. Yo ya creía que me vería involucrada en alguna escena dantesca, pero curiosamente el foco de atención se centró en la abuelita y su circunstancia y me vi liberada de un nuevo episodio de muerte involuntaria.
Y para acabar, y ya con Freud frotándose la mano, dejé una olla exprés con lentejas a todo gas (yo no sé si los lunes se me vacía la cabeza o qué) y me fui a casa de la vecina a comentar algún asunto de interés nacional.
Volví al acbo de un rato y aquello parecía un prototipo de máquina de va por del siglo XIX. Paralizada por aquellos pitidos, cerré la olla.
Moraleja: haz una cosa a la vez y concéntrate en vivir, que ya es bastante.
Pero ayer, no sé si porque era lunes o porque ya no tenía el kh7 a mano, se decidió a salir. Cruzando una calle, apareció un camión de estos recogetodo tipo de cacharros conducidos por gitanos ebrios de aventuras y chatarra y casi me arrolla. Cuando estaba en fase de recuperarme, apareció otro a ver si remataba la faena.
Devolviendo una película al videoclub vi cómo llegaban dos camiones de bomberos y aparcaban apresuradamente debajo de un balcón de una abuelita. Yo ya creía que me vería involucrada en alguna escena dantesca, pero curiosamente el foco de atención se centró en la abuelita y su circunstancia y me vi liberada de un nuevo episodio de muerte involuntaria.
Y para acabar, y ya con Freud frotándose la mano, dejé una olla exprés con lentejas a todo gas (yo no sé si los lunes se me vacía la cabeza o qué) y me fui a casa de la vecina a comentar algún asunto de interés nacional.
Volví al acbo de un rato y aquello parecía un prototipo de máquina de va por del siglo XIX. Paralizada por aquellos pitidos, cerré la olla.
Moraleja: haz una cosa a la vez y concéntrate en vivir, que ya es bastante.
viernes 30 de octubre de 2009
Alegoría de las hojas secas
Me encantan las mañanas de otoño, limpias y omniscientes, como una palomita de maíz, contrastadas con un azul intenso, último resquicio de una naturaleza dominada por ciclomotores de dos tiempos y contendores de reciclaje.
Y me gustan todavía más si van acompañadas de un bonito calentador nuevo.
Ayer llegué a mi casa, y con la empanadilla mental no acabé de entender como darle vida a la máquina. Luego, una vez ya en la cama, pensé que igual el gas estaba cerrado. Et voilà. Resulta que el señor Ríos, veló por mi salud y cerró el gas.
La estampa de ayer con el señor Ríos fue bastante dantesca.
Su agenda oscila entre la total ignorancia a tus demandas y las misiones eficientes de la CIA. Ayer a las 8.05 lo tenía ya metido en casa, con su ayudante rumano.
Tenía tanto sueño que yo me volví a meter en la cama, con él dando vueltas por mi micro casa. No sé si es la edad, pero hasta me dio igual.
Le dije que tenía sueño. Y este señor, que no vocaliza, me debió contar algo que no entendí. A las 8.12 ya estaba manoseando sus herramientas con un cigarro en la boca.
Me fui y les dejé a los dos combinando piezas y comentarios técnicos que solo ellos entendían.
Moraleja, si me he reconciliado con el señor Ríos, ya estoy más cerca de entender las mentes masculinas, que son numerosas y diversas.
Feliz finde otoñal, con toneladas de hojas amarillas y castañeras freelance.
Y me gustan todavía más si van acompañadas de un bonito calentador nuevo.
Ayer llegué a mi casa, y con la empanadilla mental no acabé de entender como darle vida a la máquina. Luego, una vez ya en la cama, pensé que igual el gas estaba cerrado. Et voilà. Resulta que el señor Ríos, veló por mi salud y cerró el gas.
La estampa de ayer con el señor Ríos fue bastante dantesca.
Su agenda oscila entre la total ignorancia a tus demandas y las misiones eficientes de la CIA. Ayer a las 8.05 lo tenía ya metido en casa, con su ayudante rumano.
Tenía tanto sueño que yo me volví a meter en la cama, con él dando vueltas por mi micro casa. No sé si es la edad, pero hasta me dio igual.
Le dije que tenía sueño. Y este señor, que no vocaliza, me debió contar algo que no entendí. A las 8.12 ya estaba manoseando sus herramientas con un cigarro en la boca.
Me fui y les dejé a los dos combinando piezas y comentarios técnicos que solo ellos entendían.
Moraleja, si me he reconciliado con el señor Ríos, ya estoy más cerca de entender las mentes masculinas, que son numerosas y diversas.
Feliz finde otoñal, con toneladas de hojas amarillas y castañeras freelance.
miércoles 28 de octubre de 2009
Correr, esa enfermedad mal diagnosticada
Estoy rodeada de hamsters que no paran de correr y me veo obligada a seguirles, a ritmo de hamster. Cuando yo en realidad soy una jirafa. Una bonita jirafa que se dedica a roer y masticar durante 4 horas hojas secas de baobab. Y en cambio, no veo sabana despejada a mi alrededor, ni puestas de sol salvajes. Me veo abocada a una alimentación omnívora a base de pantallas llenas de letras y números, archivos descargables y pdfs que no saben a baobab. ¡Qué pena!
Las buenas noticias es que mañana mi pequeño héroe local, o sea, el señor Ríos, el que la última vez dijo que la puerta de mi portería era de aluminio y cerraba sola y me dejó atónita a las 8 de la mañana en bata, va a venir mañana con un calentador debajo del brazo. ¡Tachán!
Igual salgo en lancha o en la portada de la Vanguardia. Ahora mismo no puedo asegurar que mañana me acabe por fin duchando en mi lugar habitual. He pensado que un tema digno de estudio es el funcionamiento de las diversas duchas y baños de mis buenos amigos ong's que me han atendido estos días. Unos tienen los interruptores en lugares secretos, otros se lavan con jabones de algas y de flores y otros tienen unos escalones suicidas con los que has de ir con cuidado, si no quieres acabar duchado y herido.
Me voy a mi casa, que seguro que según algún decreto panaeuropeo de la UE debe ser ilegal trabajar a estas horas.
Las buenas noticias es que mañana mi pequeño héroe local, o sea, el señor Ríos, el que la última vez dijo que la puerta de mi portería era de aluminio y cerraba sola y me dejó atónita a las 8 de la mañana en bata, va a venir mañana con un calentador debajo del brazo. ¡Tachán!
Igual salgo en lancha o en la portada de la Vanguardia. Ahora mismo no puedo asegurar que mañana me acabe por fin duchando en mi lugar habitual. He pensado que un tema digno de estudio es el funcionamiento de las diversas duchas y baños de mis buenos amigos ong's que me han atendido estos días. Unos tienen los interruptores en lugares secretos, otros se lavan con jabones de algas y de flores y otros tienen unos escalones suicidas con los que has de ir con cuidado, si no quieres acabar duchado y herido.
Me voy a mi casa, que seguro que según algún decreto panaeuropeo de la UE debe ser ilegal trabajar a estas horas.
lunes 26 de octubre de 2009
Seguimos sobreviviendo
Después de un finde de muchas risas y duchas freelance, llega el lunes. Lo de hoy era para ponerse llorar (un poco solo). Me levanto alegremente para recibir a un paleta con el que había quedado (nada extra matrimonial, básicamente me tienen que rehacer la instalación del gas, ahí es nada), y resulta que estaba comprando material alegramente en un almacén y cómo no no ha venido, pero ha prometido volver (todo esto aclarado vía telefónica).
Total, que ya que estaba despierta, digo, me voy a hacer un tupper, que siempre es mejor que la fritanga ajena. Justo en ese momento donde me hacía mi sofrito estrella, en ese preciso momento, me han llamado los del servicio de reparación de calentadores...y no lo he escuchado.
He contado hasta 36, he pensado que mañana el mundo seguirá su curso con o sin agua caliente y que soy una burguesa y a partir de ahora voy a dar gracias día sí y día también por lavar cualquier zona de mi cuerpo con agua templada.
Y ahora justamente escucho una canción que se llama It's not the end of the world y pienso que quizás sea la señal definitiva.
Buenas noticias: concierto de John Cage ayer, sopa de calabaza para cenar y pensar que mañana recibirés una llamada portadora de agua caliente. Ah, y que ya hay castañas en las fruterías. ¡Bien!
Total, que ya que estaba despierta, digo, me voy a hacer un tupper, que siempre es mejor que la fritanga ajena. Justo en ese momento donde me hacía mi sofrito estrella, en ese preciso momento, me han llamado los del servicio de reparación de calentadores...y no lo he escuchado.
He contado hasta 36, he pensado que mañana el mundo seguirá su curso con o sin agua caliente y que soy una burguesa y a partir de ahora voy a dar gracias día sí y día también por lavar cualquier zona de mi cuerpo con agua templada.
Y ahora justamente escucho una canción que se llama It's not the end of the world y pienso que quizás sea la señal definitiva.
Buenas noticias: concierto de John Cage ayer, sopa de calabaza para cenar y pensar que mañana recibirés una llamada portadora de agua caliente. Ah, y que ya hay castañas en las fruterías. ¡Bien!
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