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lunes, 17 de enero de 2011

Ir a una casa ocupa

Los domingos, o te vienen de cara o te dan completamente la espalda. Este fue una mezcla extraña de los dos estados de ánimo. Pero viendo el solano que te obligaba sí o sí a salir de casa y vivir, decidí hacerlo. Cogí el metro hasta sitios inospechados (Canyelles) y me fui a una visita guiada de huertos en una casa ocupa.
Estuvo la mar de bien. A pesar de las muletillas típicas de ocupas (peinado con churritos en la nuca, perros sueltos y piercings para parar un tren), estaba todo el mundo muy relajado. Nos escaqueamos el bar y acabamos con las reservas de cerveza ecológica y todo tipo de humus imaginable (nuestro estómago seguro que nos los agradece en algún punto). Y luego estuvimos girando a ritmo de sol y debatiendo todo tipo de temas de domingo o intersemanales. Y había parejas con hijos y todos eran muy monos (¡abajo el prejuicio de que son todos unos plastas!) y pensé qué bien que he salido de mi cueva.
Luego volví y tuve tablado gratis y todo tipo de efectos especiales. Pero esto son historias de Gracia y artisteo que comentaremos otro día más extensamente. Feliz lunes :)

lunes, 25 de febrero de 2008

Cunit city

El sr. X tiene estos golpes de ingenio: organizar comilonas, salidas en burro, excursiones a santuarios megalíticos y demás, y a mí me parece todo muy bien. Es más, todo lo que implique alejarse del narcoléptico arte de la repetición me atrae profundamante. Ya sea atracarse de mojitos a pleno sol o contar baldosas. Llega el sábado y con él el rosario de rollo-obligaciones: ronda de supermercados, panaderías, mataderos y demás establecimientos de librepensadores. Sí, es una gran ventaja tener euros en el bolsillo para disfrutar de esos hábitos burgeses, pero es que a veces me aburro de mí misma y mis pequeñas circunstancias.
En fin, el domingo se perpetró un homenaje al calçot o especie de cebolla oriunda de estas tierras santas. El ritual fue sencillo y elegante: desplazarse en un tren gratuíto hasta Cunit, buscar la calle Mayor, acomodarse en un hostal que prometía calidad, tradición y grandes digestiones. Y la verdad es que se cumplieron las expectativas. Hubo un grupito que se tomó la comida como una batalla campal contra sus jugos gástricos y se atiborró de calçots, untados con esa salsa taaan ligera, estilo lubricante. Yo, somo soy perdedora por naturaleza, me uní al grupo de los prudentes y rezagados, y me inflé moderadamente. Luego la ronda de porrones, cavas, vinos rancios, ceremas catalanas de extraña procedencia y carquiñolis acabaron de adobar la tarde. Y luego, carrera de caracoles hasta la estación de tren y reconducción al hogar.
Me lo pasé bien, me reí bastante y comprobé guan more taim que el sr. X tiene grandes ideas. A ver si mañana pongo alguna fotico.

calçotada
calçotada
calçotada
calçotada