jueves, 12 de noviembre de 2009

Ver un western por la noche

Ayer saltando de canal en canal fui a parar a los brazos de un poderoso western de John Wayne. Seguro que toda la peli iba de cruces de balazos y flechas envenenadas, pero justo pillé ese momento mítico y edulcorado donde el hombre empieza a mear invisiblemente por el rancho y marca su territorio, así como su paquete. Y como no su destino (compartido con el de una colona rubia vestida como una amish, un poema a la ranchera gringa por excelencia).
El caso es que mientras el cowboy suplantador del ranchero desaparecido, todo un arquetipo del género, iba probando las virtudes de la mujer a base de preguntas clave que él utilizaba hábilmente, soltó unas cuantas perlas guionísiticas que me conmovieron.
Situación: John Wayne pone herraduras nuevas a un caballo, que él mismo calienta y manipula en una mini forja que se ha montado en un cobertizo mientras corteja con la mujer ranchera. La réplica era algo como:
JW. Soy medio indio y puedo oler a los blancos a distancia
Ranchera: Oh, pero eso es imposible.
JW. Usted ha amasado hoy pan y huele a jabón. Podría reconocer su olor en 10 km. a la redonda.
Con lo que la mujer se ruboriza y finge arreglarse el pelo o comprobar el vuelo de algún cernícalo despistado, mientras se muere de ganas de tirarse a sus brazos. Cosa que no sucederá hasta el tercer acto de la película, para contentar a las audiencias y no perder el hilo y la tensión narrativa.
Moraleja: si os queréis tirar en plancha al cowboy al inicio del primer acto, adelante. Eso sí, aseguraros de oler un poco a jabón o a pan recién hecho.

2 comentarios:

Raquel dijo...

La muchacha estaba esperando que se quitara ese pañuelo de abuela que llevaba al cuello para echarse a sus brazos...

Pink pony dijo...

A mí me gustaba el foular ese...