miércoles, 21 de octubre de 2009

No había llegado mi hora

De entrada me dio un buen ataque de risa cuando mi vecina (sí, la vecina, somos casi como familia) me dijo que em habían precintado el calentador. Sonaba todo un poco entre Chernóbil y las chapuzas patrias habituales.
Total, que el calentador emitía tres veces más gases tóxicos (literal del técnico) de lo recomendable. Hoy, me levanto, y no dejo de pensar cómo me ha estado afectando este asunto. ¿Habré perdido algo de la cabeza? ¿Envejecido prematuramente? mmmm. No he tenido los santos huevos de poner inhalación de gases en google, porque seguramente empezaré a encadenar ideas maléficas y empezaré también a mirar por google nichos y curas de oxígeno.
Pero bueno, quizás haya sido como un segundo renacimiento. ¡Cantemos a la vida que estamos vivos!
El episodio matutino de hoy también ha sido bastante Alfredo Landa. Me he ido a duchar a casa de la otra vecina en plan secuencia de Médico de familia, con las toallas y los jabones. Sólo me faltaba llevar un listín telefónico debajo del brazo y un brick de leche Pascual (que obsesión tengo con esta marca, la verdad).

3 comentarios:

Anna dijo...

i visca la comuna canalillera!!!

Anónimo dijo...

nena, montes uns fregaos... ni co2 ni punyetes: un enginyer és lo que te fa falta, nena, un enginyer.

hala, besets de l'enginyer i meus.

Pink pony dijo...

ni fregaos ni lavados, nenes, que la vida moderns tiene tropezones para parar un tren!!