martes, 19 de agosto de 2008

Altoburgués por una tarde

La historia fue de la siguiente manera. Llegó a mis manos un bono regalo de un masaje en un estupendo hotel de esta escaparatada ciudad. La mejor manera para combatir un lunes, supongo. Antes del masaje en sí, te dejan campar por una especie de sala donde el agua reina en sus diferentes modalidades. Me cocí en el hamam, para pasar a una especie de piscina pseudo romana-muy principio de siglo, donde pensé, tal cual, que todo era posible, que este otoño me fulminaba el documental, que conocería a alguien maravilloso, que me enviaban de corresponsal cultural a Japón o a Nueva York para anotar las ideas más brillantes de las cabezas más pensantes de Shibuya o Manhattan y que me esperaba una merluza al vapor en casa con patatas y todo. Qué cosas que tienen las piscinas pseudo romanas, que te incendian la imaginación a más no poder.
Luego pasé a la sección masaje. Me tumbé, me desprendí de la ropa y de todas las ideas malignas que se empeñaban en acompañarme y me entregué a las manos de una desconocida que me debió remover no sé que fuente energética de mi tobillo, porque salí de aquel hotel muy principio de siglo con una penita colgada en la pechera, como un pin de partido político o una flor para una cita estratégica. En fin, del furor a la nieblina de bosque en dos horas. Pero como ya estoy acostumbrada a estas visitas inquietantes, le dije a mi pena, que nos iríamos juntas a tomar un helado de frutas del bosque y yogur, y me dijo que vale, que le parecía bien. Creo que se atracó con tanto helado, que luego ya no me dijo ni mu en toda la tarde. No hay nada mejor que tener contento al personal.

4 comentarios:

Mr. Endrinas dijo...

interesante primera parte, me ha molado esa capacidad de visualizar un mundo molon en manhatan!

Pink pony dijo...

oye, para acabar un helado no está mal, ya sabes...

luis dijo...

eso del bajón - masaje es bastante habitual creo. uno se relaja demasiado y acaba echo unos zorros.

Pink pony dijo...

Seguro que es una técnica para que vuelvas a hacerte otro para que te suba la moral.