martes, 12 de agosto de 2008

La gente que toma zumo de piña

(entre otras cosas), me pregunto, qué tipo de gente es esa. Cómo pueden pedirse el peor zumo de la historia con diferencia, de un color blancuzco tirando a tostado que puede proceder de cualquier sitio menos de una piña. También me fascina la gente que se pide una caña de cabello de ángel. Terrible elección. Hoy ha sido un día señalado ya que en la panadería ha acontecido esta feliz coincidencia. Sólo ha faltado el hat trick con una ensaladilla rusa, que ya es la tercer cosa peor que te puedes pedir junto a los callos y los palitos de cangrejo rebozados (esos que llevan tres dedos de fritanga). El caso es que a la gente la puedes calar más o menos por lo que come. Aunque nunca se sabe, es puro esoterismo. Alguien que ingiera cañas de cabello de ángel me da cierto reparo de entrada. Tampoco me comería nunca una sopa en un restaurante chino. La verdad es que desciendo de la rama vasca de la buena comida y mejor mesa, donde una merluza responde a su nombre y se presenta lustrosa en tu plato con ese color marfil que no deja duda de su silvestre vida marítima. Enséñale a mi abuela un salteado de gambas del Mediterráneo y tendrás la versión española de Pesadilla en Elm Street. En fin, que yo arrastro tres mil manías culinarias incluida la del zumo de piña. Quizás podamos dividir a la gente entre los defensores y los detractores del zumo de piña. Al menos con esta división, ya sé donde estoy.

1 comentario:

darling boy dijo...

Dentro de poco van a catalogar el zumo de piña como substancia ilegal. Que lo sepas.